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De forma paradójica, fueron los sionistas laicos los que con mayor firmeza se basaron en la Biblia para apoyar sus proyectos. Así, en 1919, el laico ruso Ushishkin dijo en la conferencia de Versalles: «En nombre… de los judíos de Rusia, [vengo a] presentar la exigencia histórica del pueblo judío: por  nuestro retorno a nuestras propias fronteras, por la devolución a los judíos de la tierra que el Poder Supremo nos prometió hace cuatro mil años… Pedimos que nos restituyan aquel robo histórico».

Ben Gurion, por su parte, consideraba firmemente que la Biblia avalaba el «sacrosanto derecho del Pueblo Elegido». Y concluía: «Aunque rechazo la teología, el libro más importante de mi vida es la Biblia».

El libro bíblico preferido por Ben Gurion era el de Josué, el conquistador de Jericó que aniquiló a los cananeos y cuyas campañas se estudian en las escuelas, en consonancia con las palabras de Moshe Shertok, primer ministro de Asuntos Exteriores israelí: «Hemos olvidado que no hemos venido a una tierra vacía para heredarla,  sino que hemos venido para conquistar un país que lo habita, que lo gobierna en virtud de su lengua y su cultura salvajes».

Es imposible no observar la contradicción que late en estas tomas de posición: recuperar una tierra que quizá se abandonara –porque ni en las fuentes romanas ni en el historiador contemporáneo judío Flavio Josefo existe ninguna referencia a una “diáspora”; lo más posible es que la mayoría de la población acabara convirtiéndose a las religiones dominantes– casi dos mil años atrás, sólo es posible si el donante es una figura que está por encima de las convenciones que marcan la moral, la lógica y el sentido común.

El ascenso del pensamiento religioso en el Israel actual está prefigurado en el biblismo laico. Los resultados son, como afirma el profesor de la universidad de Haifa Benyamin Beit-Hallahmi, que «hoy en día, la mayoría de los israelíes consideran la Biblia una fuente de información histórica fiable de tipo político, laico… En Israel la historización de la Biblia es una empresa de carácter nacional… Afirmar que esta antigua mitología es  verdadera historia es una parte esencial del nacionalismo sionista laico…»